Ser mayor: no es una enfermedad

El envejecimiento es un proceso no sólo marcado por los cambios a nivel fisiológico, éstos van siempre acompañados de las propias vivencias y experiencias de vida. El comportamiento frente a la vejez viene determinado por la historia de vida, hay tantos envejecimientos como personas envejeciendo. La actitud que tomamos frente a estos cambios se verá influenciados por las circunstancias familiares, sociales y económicas que nos rodeen.

La vivencia de la vejez depende de la propia orientación personal hacia el futuro.

Factores como la biología, la alimentación, la calidad de vida, la economía, la genética, el medio ambiente (las personas en climas extremos envejecen más rápidamente) y aspectos sociales, políticos y psicológicos contribuyen de manera esencial  al proceso del envejecimiento.

Es preciso diferenciar al hablar de envejecimiento, entre edad cronológica (tiempo transcurrido desde el nacimiento, de carácter administrativo y con valor social más que biológico) y edad biológica, que corresponde con el estado funcional de nuestros órganos  comparado con unos estándares. Hay autores que incluso describen la edad psicológica.

En resumen, el envejecimiento está caracterizado por:

–        Es universal: nos va a pasar a todos, sino es mala noticia

–        Irreversible: no puede detenerse ni da marcha atrás

–        Heterogéneo e individual: cada especie tiene una velocidad, cada sujeto es distinto, incluso en la misma persona cada órgano envejece a una velocidad no siempre la misma

–        Deletéreo: lleva a una progresiva pérdida de función

–        Intrínseco: no debido a factores ambientales

Así que llegada la vejez, pongamos las cartas sobre la mesa y juguemos las mejores bazas.

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